En el aula, cada día es distinto. Grupos diversos, energías cambiantes y, siempre, una nueva forma de aprender juntos. Es una verdadera aventura.
Hace unos días, mientras explicaba los pasos para una dinámica en grupo, uno de mis estudiantes levanta la mano y dice:
Profesora… a ver… ¿cuál es el prompt?
Nos detuvimos un momento. Era necesario aclarar la instrucción de la actividad y, de paso, entender la palabra que acababa de aparecer en medio de la clase (el prompt es la forma en que le pedimos a la IA lo que necesitamos).
Nos miramos… y terminamos riéndonos como curso.
Pero más allá de la anécdota, surge una reflexión interesante: la cantidad de vocabulario ligado a la inteligencia artificial que ya forma parte de nuestra vida cotidiana.
Muchos estudiantes lo utilizan con naturalidad. Y en lugar de verlo como algo que genere distancia o temor, lo transformamos en una oportunidad de aprendizaje… incluso en un momento lúdico.
Porque estamos aprendiendo constantemente, incorporando nuevas palabras, nuevas formas de pensar y de comunicarnos.
Hace algunos años, googlear tampoco existía en nuestro lenguaje. Hoy es parte de nuestra forma habitual de buscar información.
Ni prompt ni googlear están aún plenamente recogidas en el Diccionario de la lengua española, pero sí están completamente vivas en nuestras conversaciones diarias.
El lenguaje evoluciona: nombra lo que vemos, lo que creamos y lo que estamos empezando a comprender.
El aula es uno de los espacios más potentes para observar cómo ese cambio ocurre en tiempo real.
Enseñar también es aprender a escuchar cómo el mundo se reescribe en la voz de nuestros estudiantes.
Qué nuevas palabras han llegado a tu vida?





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